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La Taberna Un lugar para conversar sobre casi cualquier tema

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Old 12-11-2009, 11:06 PM   #1
Nevinirral
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Default Magia, hechizos y guerra

Bueno, tengo ganas de escribir, este se trata de OTRO de mis pj's. El brujo Jace Beleren. Por favor, los que sepan o juegen a magic the gathering, ignoren el nombre .

Magia. Poder. Voluntad. Esas palabras resonaban en mi cabeza mientras galopaba hacia Montsgomir. Ya no me acuerdo hace cuanto fue que descubrí mi afinidad hacia lo arcano.
Era en mi niñez, yo era chico, estaba jugando con mi compañero en el taller de mis padres (eran herreros). Cuando el humo de hollín y de los metales fundidos se hacía insoportable, salía afuera a jugar, al frio aire de Alsius. Me acuerdo bien con a lo que estaba jugando: tenía una serie de muñecos de madera (echos por el carpintero de Rottervall) que simulaban a guerreros de Alsius, Ignis y de Syrtis. Había escuchado el grito de mi madre para ir a comer, siempre que se enojaba me llamaba por mi nombre completo.
-¡Jace Beleren! Tu padre trabajo mucho para poder pagar estos filetes de Yeti y tu siempre unido en tu imaginación.
En eso mi madre tenía razón, me pasaba horas y horas en mi mente, a veces creo que demasiadas. Desde pequeño note que mis capacidades mentales eran superiores, pero creía que era un poco ermitaño, nada más.
-¡En unos minutos voy!- Obviamente era una mentira, quería quedarme jugando, inmerso en mi imaginación.
-Tu padre va a llegar y no querrá ver que no estás en la mesa Jace.
-¡Dos minutos nada más!- Y me puse a jugar de nuevo con mis muñecos, chocándolos entre si, aparentando una batalla imaginaria.
En eso veo que la luz del sol se apaga, dando lugar a una sombra, asustado por que podría ser un Yeti, me doy vuelta inmediatamente. Lo que vi no era muy diferente a eso, tal vez incluso más estúpido. Era Dan, y su grupo de idiotas que me hacían la vida imposible. Generalmente eran el tipo de abusones casi inofensivos, algún que otro empujón, pero nada más, pero hoy venían con caras más malvadas que lo normal.
-¿Qué es lo que quieres?- Le dije con un tono muy a la defensiva.
-Apártate aprendiz de Globor, esos juguetes son míos.
-El carpintero los izo para mi cumpleaños, no son tuyos.
-Da igual, te íbamos a golpear de todas formas.
Cuando intente abrir la boca para pedir ayuda (o para decirles algún insulto, ya no recuerdo) uno de los compañeros de Dan me tiro una bola de nieve directo en la boca, haciéndome toser.
Mientras me sacaba la nieve de la boca, dos de los tres compañeros de Dan se acercaron hacia mi corriendo, acto seguido me agarraron los brazos, por más que me retorcía, no lograba librarme.
-¡Que muñecos más feos!
-¡Dan! ¡Espera, no los rompas!- El bruto izo caso omiso.
¿Que no haga qué? ¿Esto?- Tiro los muñecos al piso, y empezó a pisarlos uno por uno, rompiéndolos, disfrutando como yo miraba sin la posibilidad de hacer nada.
-¡Nooo!- Hago un esfuerzo y traigo el brazo de uno los abusones hacia mi cara, con todas mis fuerzas le muerdo la mano.
¡Aggh! Maldito animal- Dice agarrándose la mano, que estaba sangrando- Yo te enseñare como se hace para hace sangrar a alguien- Levanta la mano y me pega un sólido puñetazo en el medio de la nariz, haciéndome sangrar- Miren como se agarra la cara, casi me da lástima.
-Miren lo que agarre del establo- Era Dan que se acercaba con un contundente pedazo de Mierda de Benkku.
Halzo la mano, apuntando a mi cara ensangrentada. Yo mire a mi alrededor, no había ningún guardia para ayudarme y mi mama seguramente estaba trabajando con los metales, con el ruido de la forja, no escuchaba nada. La nieve a mi alrededor tenia salpicaduras de sangre, probablemente las mías. El proyectil de Dan ya estaba en el aire, yendo directo a mi cabeza, no podía dejar que me hagan eso, alguien tenía que enseñarles una lección.
Uno de ellos empezó a reírse antes de tiempo, pero termino riendo solo, ya que los otros miraban con unas caras de estupefactos, como si vieran visto un fantasma.
¡Hey! ¿Qué pasa?- Dijo el que se empezó a reír.
Lo que paso es que los desechos del Benkku no habían llegado a impactar, en vez de eso, yacían a un lado, mientras yo me levantaba furioso de la fría nieve. Mis ojos estaban brillando, un resplandor blanco azulado, mis manos tenían un alo brumoso y una sensación como un cosquilleo recorría todo mi cuerpo.
-¿Y bien tontos? ¡Hagan algo!- Dijo Dan, dirijendose a mis anteriores agresores.
El que estaba a la izquierda inmediatamente levanto la mano para propinarme otro puñetazo, pero en eso una nube de insectos lo cubren, picándolo, era gracioso ver como se retorcía, tratando de apartar inútilmente los insectos con las manos.
-¡Quítenmelos de en sima, me lastiman!
Al ver esto, el otro que estaba a mi derecha me trato de torcer el brazo, pero para su sorpresa, ningún musculo suyo le respondía. Yo lo estaba controlando, y no iba a hacer nada que yo quisiese.
-¡Maldito fenómeno!- Dan cargo contra mí con una puñetada directa a la cara, pero paro a centímetros de su objetivo, seguido con un brillo en forma de esfera alrededor de mi cuerpo –¡Aghh! Mi mano.
Lo quería ver sufrir, lo quería ver retorciéndose de dolor, por lo que me izo, por divertirse a costa mía, por eso y muchas cosas más, disfrutaba la imagen que tenía en frente mío.
Pero mis deseos no terminaban ahí, el poder que despertó dentro de mí pedía a gritos salir y yo quería ver al bastardo sufrir.
En eso, me empiezo a elevar del suelo, y un remolino de fuego se empieza a formar alrededor mío, yo veía como los cuerpos de esos abusones se quemaban por el mortal aro de fuego, lo quería detener, pero el poder se sentía tan bien. Los gritos de ellos no hacían más que avivar mis deseos, hasta que el hechizo llego a su clímax, y se desvaneció, cai al suelo, pero me extraño que no hubiera nieve. Cuando mi mente se recupero, pude entender lo que pasaba, y no me gustó. Los cuerpos de los que me molestaban yacían en el suelo, carbonizados hasta los huesos. Uno casi había llegado a salvarse, pero el fuego le consumió las piernas, para luego trepar y quemarlo por completo. Lo que me horrorizo aun mas fue ver mi casa en llamas, el fuego la debió haber alcanzado, y no había rastros de que mi madre había podido escapar. Inmediatamente corro para tratar de entrar, pero me agarran del brazo, era uno de los guardias, que me sujetaba firmemente para que no valla corriendo a mi muerte.
-¡Suélteme! –Le pedí -¡Mamaaa! ¡Suélteme!
-Tranquilo pequeño, no seas tonto.
Sentí que los poderes iban a salir de nuevo, pero algo me contuvo, y en eso vi al entrenador de Mago de Rottervall.
-Oficial, confió que lo mejor sería que me dejara viajar con este chico hasta Montsgomir, dados los eventos recientes.
-¿A dónde lo llevara?- Pregunto el guardia.
-A la academia de Magos.
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Old 12-12-2009, 07:11 PM   #2
Nevinirral
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Default Caminos Arcanos

Ya estaba llegando a Montsgomir, la nieve iba acrecentando y mi caballo le costaba más galopar. “La academia de magos” esas palabras resonaban aun en mi cabeza. Era difícil olvidar lo que había pasado, ya que después de ese trágico accidente, mi vida había cambiado completamente.

Estaba en una carroza, solo, salvo por la excepción del mago que se sentaba al frente mio, sin sacarme la mirada de en sima. En ese momento, rompí en llanto, no podía creer lo que había acabado de hacer.
-¿me van a ejecutar? ¿Verdad? –Dije tratando de ahogar mis lamentos
-Nada de eso –dijo sacándose el sombrero de punta que llevaba puesto, ahí note que no era un mago, si no una maga –Tus dotes arcanos mostraron ser de lo más notables, joven Beleren.
- ¡Pero soy un monstruo! Cinco personas murieron por mi culpa y una de ellas la amaba. Deberían colgarme y hacerle un favor a Alsius.
-¿Monstruo? Nos han llamado de muchas maneras, fenómenos, locos, ermitaños, pero nunca monstruos. Acostúmbrate al termino “mago” por ahora.
-¿Cómo? Yo… no puedo, mate a esas personas, tiene que haber repercusiones por mis actos.
-¿Hablas de esos niños que murieron? Si, una verdadera lastima, pero su actitud no era buena para el imperio, probablemente no merecían morir, pero dadas las actúales circunstancias, el consejo hará una excepción.
-No… esas personas, muertas, por mi mano, por mi culpa, ¡no puedo salir impune de esta situación!
-¡Hey! –De repente sentí como si se moviera el carro –lo que paso pasó, nadie puede cambiar eso ahora, no tiene sentido preocuparse por eso, tus nuevas cualidades, sin embargo, son algo digno de atención. Por cierto, mi nombre es Aaga, y soy la responsable entrenar a los futuros magos de este reino.
-Mi padre… cuando se entere de lo que paso…
-Tu padre está haciendo un encargo en Birka, se le notificara de la situación con el mayor tacto posible, no te preocupes. –Miro por la ventana, y el carro se detuvo en seco -¡Ah! Ya llegamos –dijo abriendo la puerta del carruaje. –La ciudad imperial, Montsgomir.
El aire frio me acaricio la cara, yo llevaba puestas las ropas con las cual estaba jugando, no mas que unas ropas suficientes para mantenerme vestido, nada más. Empecé a tiritar, pero al ver esto, Aaga me miro, chasqueo los dedos y una sensación de calor tibio me rodeo, mire a mi alrededor y el clima era tan duro y frio como siempre, pero parecía ignorar el cuerpo de la maga y el mío.
Llegamos a la plaza central, la gran fuente con un león alado, mi padre me contaba historias de esa mitica criatura, increíbles historias. La plaza estaba llena de comerciantes, un ruido de parloteos entre el cliente y el mercader inundaban la zona. Me quede perplejo, mirando la cantidad de edificios, la arquitectura, era increíble.
-¡Es para hoy! –Me dijo Aaga
Me apure a ponerme al lado de ella, estaba parada frente a una gran puerta de madera. Entramos a lo que era una cámara, con una alfombra roja y banderas de Alsius por todas partes, había una cantidad notable de nobles, mirándome mientras avanzaba junto a la maga, hacia un trono en donde había un nordo, sentado en un trono.
-Es bueno verte Baldrik –Dijo Aaga.
-Veo que tienes un futuro aprendiz, mi nombre es Baldrrik Hammerstriker chico, recuérdalo.
-Necesito permiso para poder iniciar su entrenamiento.
-Sabes tan bien como yo que no necesitas permiso, nunca pides uno tampoco.
-Esta vez es diferente Baldrik, ¿te llegaron noticias de Rottersvall?
-Sí, me dijeron que se incendio la armería, y que unos 4 chicos y una mujer murieron, es una verdadera pena.
-Bueno, eso no es todo, veras, el chico tubo algo que ver…
-Mi lord –dije acercándome hacia el –esas personas murieron por mi culpa, yo cause el incendio.
-Bueno… dadas las actuales circunstancias, creo que lo mejor es ponerte en entrenamiento de inmediato –dijo el noble
-¡Pero yo las mate! ¡Tiene que haber un castigo para mí!
-Chico, creo que lo que buscas es no sentirte culpable por la muerte de esas personas, y quieren un castigo para hacerte sentir mejor contigo mismo, créeme, ir a la guerra es el mejor castigo que encontraras por aquí. Además, con suficiente entrenamiento, este suceso no se repetirá de nuevo, al menos no hasta que estés entre las líneas enemigas, jeje.
-Que así sea –dijo Aaga.
A la mañana siguiente empecé mi entrenamiento, me desperté con una túnica nueva al pie de mi cama. Me quedaba a la perfección, eso me extraño ya que ningún sastre había tomado mis medidas antes. Me acerque al espejo para verme con detalle. Mi pelo estaba desmarañado, el flequillo me empezaba a cubrir los ojos, y el color de mi pelo (un azul oscuro) estaba mas opaco que de costumbre. Escuche golpes en la puerta.
-Vamos, te tenemos que conseguir algo como para que dures al menos diez segundos ahí afuera –Era Aaga y al parecer tenía prisa, no sé porque, pero todos los magos llevan prisa al parecer.
Salí de la habitación y bajamos las escaleras, pagamos al dueño de la taberna (lugar en donde estábamos hospedados) y salimos hacia el descenso de Keheld. Aaga inspecciono los arboles un momento, dijo un par de palabras en voz baja y finalmente saco un trozo de rama de un árbol y me la tendió.
-La herramienta indispensable para un mago –me dijo –Con ella puedes canalizar el poder de tu mente, para que no salga en una avalancha incontrolable, como te sucedió. Aunque un mago bien entrenado, puede usar cualquier parte de su cuerpo para invocar hechizos, tú tendrás que usar un báculo para evitar futuros accidentes. Ahora ven, te espera un duro entrenamiento por delante…
Y así fue, que en los próximos años, entre mis habilidades mentales, me pase estudiando en la biblioteca, meditando cada ves que podía, y aprendiendo a moldear la realidad a mi antojo.

El sonido de los cascos del caballo si hicieron notar, ya había llegado a mi destino, pensar que fue hace apenas unos 15 años que visite tan majestuosa ciudad, Montsgomir…
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Old 12-12-2009, 08:21 PM   #3
superpiola
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lalalala muuy bueno pero queiro seguir leyendo..... =) para cuando sale la siguiente parte?
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Old 12-14-2009, 06:14 AM   #4
54r4
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kiero leer mas feo... XD ahora voy a leer lo de tu melli ajajjaa tkd beso...
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Old 12-15-2009, 07:55 PM   #5
Nevinirral
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Default Rozes con el pasado

A pesar de haber pasado años, las cosas no habían cambiado mucho.
Llegue a la fuente que me había maravillado de niño, ahora sabia que el león era Siulas, el león alado. Mire en el reflejo de las aguas de la fuente, el chico asustado que una ves había pasado por allí ya no estaba, mi aspecto había cambiado, aun tenía el pelo de un azul fuerte, pero las facciones de mi cara se habían acrecentado. No llevaba ya una túnica de iniciado como tenia hace unos 15 años, en su lugar vestía una túnica negra con detalles en azul y encajes en rojo. El báculo de madera ya era un báculo de metal, largo y mucho menos rustico que el anterior, con una piedra en su extremo superior.
Uno de los guardias se acerco y me puso la mano en el hombro.
-Beleren, el gremio te está esperando.
-Primero quiero encargarme de unos asuntos, dile que lo veré en unos minutos.
Me encamine al cementerio de Montsgomir, allí se podían sentir cantidad de almas en reposo. Busque una de las lapidas en una de las esquinas del cementerio, allí, llena de hierbajos y un poco deteriorada estaba, sus letras estaban casi ya ilegibles pero forzando la vista se leía: “Aquí descansa Ana Beleren, afectuosa madre y aun mejor esposa”. Puse una de mis manos en mi espalda y la saque con unas flores de colores bellísimos, la deposite con cuidado delante de la lapida, luego retrocedí unos pasos y me quede mirando el sombrío escenario.
-¿Era la mujer del mundo sabes? Hasta que tu… la (¡hic!) la mastates…
Era mi padre, desde la muerte de mi madre no se había podido recuperar, empezó a tomar mucho y sin nadie que pueda hacerse cargo de la armería, el negocio fue decayendo. Todo eso me izo sentir más culpable, pero ¿Qué podía hacer? ¿Tirar a la basura todos mis dotes y dedicarme a ser armero? La muerte de mi madre hubiera sido en vano y abandonaba la escuela de magos.
-¿No tienes algún lugar en donde tomar tu veneno? –después del incidente, las cosas habían ido de mal en peor con respecto a mi relación con mi padre.
-Te criamos con nuestro mayor am… (¡Hic!) Amor y ¿así es como nos agradeces? Debería ponerte junto a tu madre ahora mismo (¡hic!)
-Créeme encanto, no te gustaría sacar tu espada frente al muchacho, al menos mientras yo esté presente- La vos gruesa y profunda era distintiva de un enano.
-¡Tu no me… (¡hic!) me vas a decir que hacer! -Alzo su puño y se dispuso para propinarle un golpe, pero no pudo sostenerse a sí mismo y cayó al suelo, desmayado.
Luego de esa escena pude ver quien fue mi protector, en efecto era un enano, era mucho más que eso, era un amigo.
-Gracias Gambli, pero creo que podía encargarme de eso por mi cuenta.
-No tienes nada que agradecer muchacho, el te estaba faltando el respeto.
-Si… es verdad, pero todo lo que dice es cierto, yo fui el culpable de que le pasara todo eso…
-No te me ablandes ahora, lo que le paso fue su culpa también, el se dio a la bebida, el hecho a perder en negocio. Ahora contrólate y ayúdame a cargarlo hasta la taberna, ahí probablemte le darán algo para que se le pase la borrachera.
Con un poco de dificultad cargamos al cuerpo de mi inconsciente padre hacia la taberna, probablemente Gambli no sepa lo mucho que lo aprecio, lo conocí en la guerra, si no fuera por el seria comida para Igneos. Como todo enano, era corpulento, me llegaba hasta un poco más de la cintura, su cabello era totalmente gris y su barba (como todo buen enano) era prominente y bien cuidada, la tenia atada con trenzas que le llegaban hasta la barriga. Su cabeza, cubierta de una cabellera gris, la tenia sujetada por una bincha de color negro le cubría casi toda la cara.
-Uff… el bastardo pesa una tonelada, debe ser la cerveza que tomo –Dijo el enano mientras lo poníamos en una silla de la taberna –Ustedes nordos no saben lo que es ser resistente al alcohol, ¡Ja! Nosotros los enanos podemos tomar un litro de cerveza sin si quiera marearnos.
-Gracias Gambli, en serio.
-No hay problema muchacho, escuche por ahí que el magistrado de magos te busca, ven te acompañare hacia la puerta.
Cruzamos la plaza y entramos al gran salón, allí había un comité de magos esperándonos.
-Beleren –Dijo un Uthgar con aspecto de sabiduría –llegas tarde
-Estaba…
-Si atendiendo asuntos pendientes, lo se. Debe ser una dura fecha, digo, lo de tu madre…
-Si… pero no es na…
-Bueno, ahora a lo que nos compete –Eso es lo que odio de los magos, andan apresurados para que ORG sabe qué y nunca te dejan terminar, no hay lugar para formalidades –Te necesitamos en las fronteras de Aggersborg, se reporto una inusual presencia de Ignitas en la zona, y necesitamos cuanta ayuda podamos conseguir.
Mire a Gambli, el estaba en un rincón, escuchando con su martillo apollado en el suelo y su mentón descansando en la punta del mango. Espera alguna señal de aprobación de el, pero no llego ninguna, aunque no era necesaria tampoco, es bien sabido que los enanos nunca evaden una buena riña y si es contra los Elfos oscuros, aun mejor.
-Está bien… déjenme empacar mis cosas y iré inmediatamente a…
-Ya están empacadas –malditos magos, no saben modales –Buena suerte Beleren, que ORG te guie y te proteja.
Ensillamos nuestros caballos y nos dispusimos a cabalgar hacia la muralla, por alguna razón, alguna parte de mi sentía que había algo más profundo en estos ataques Ignitas…
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Old 01-06-2010, 11:28 PM   #6
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Default Batalla en Aggersborg

Avanzamos con precaución hacia la puerta del fuerte, los guardias estaban ya armados, sabían que esa tranquilidad no duraría mucho. Desde abajo pudimos ver a los tiradores, sus arcos tensados y con una flecha lista, unos magos decían unas palabras mientras hacían movimientos con las manos, seguramente estaban invocando hechizos para prevenir el peligro inminente. Solo se escuchaba los sonidos del bosque y algunos murmullos por lo bajo de parte de las nobles almas que allí aguardaban el enfrentamiento.
-El ambiente esta tan denso que podría cortarlo con un hacha…
-Ustedes los enanos siempre buscan alguna forma de introducir la palabra “cortar” o “destruir” en sus conversaciones ¿No?–Trataba de ignorar la tensión que me invadía, hago eso cuando me siento nervioso, empiezo a hacer bromas, eso o mi túnica empezaría a oler a pis.
Subimos a la tarima donde ya había arqueros y magos, esforcé la vista para buscar algún signo de Ignita, pero sabía que los cazadores eran muchísimos más hábiles para eso.
-Se acerca un ejército ignita, puedo olerlo
-No seas ridículo Gambli.
-Los enanos tenemos un olfato muy elevado muchacho, no dudes de nuestras habilidades sensoriales.
-Si no fueras tan testarudo probablemente no merezcas llamarte ena…-
-¡Miren!
No había terminado de decir la frase cuando la silueta de un sujeto salía de la colina, dando se tumbos se acercaba lo más rápido que podía hacia el fuerte. Los guardias se apresuraron a ayudarle, era uno de los nuestros y por sus vestimentas era un cazador. Cuando bajamos hacia la puerta estaba tirado contra la pared del fuerte, con su pecho lleno de sangre y con múltiples laceraciones en la cara y brazos.
-Quédate quieto, voy a ayudarte –Los conjuradores se apresuraron a curarlo, pero soporto mucho castigo, no podía levantarse y lo tuvieron que llevar adentro para que se recupere.
-Era el grupo de exploración, enviamos cuatro personas, evidentemente los descubrieron. Dice que mataron a su mascota e ignora el paradero de sus compañeros, se salvo de milagro.
-Parece como suficiente trabajo para los dos Jace, trata de no…- Gambli se callo cuando una flecha reboto contra mí, centímetros antes de llegar a su objetivo, si no fuera por el hechizo protector que había invocado hace algunos minutos, esa flecha hubiera terminado en mi cuello.
-¡A cubierto!
Nos replegamos en la puerta, eran miles, y se estaban preparando para cargar contra el fuerte. Ignis tenía definitivamente algo entre manos.
-Vuelve adentro muchacho, esto se va a poner muy feo bastante rápido, no va ser lugar para un brujo –Aunque no me gustaba admitirlo, Gambli tenía razón, me apresure a entrar al fuerte, tras cerrar la puerta se escucho la orden de carga de los ignitas, solo esperaba que mi amigo estuviese bien. Tenía que llegar a la tarima antes de que fuera demasiado tarde.
Los segundos pasaban y no podía sacarme de la cabeza la imagen de Gambli sobrepasado por una horda de Ignitas, cuando de repente como si fuera una respuesta a mis propios pensamientos, se escucho:
-¡Aggh! ¡No me iré sin dar pelea, aprendices de Igneos! –Era Gambli y al parecer mis temores eran ciertos, los Ignitas lo sobrepasaban.
Llegue a la tarima, los arqueros disparaban a cada cosa que se movía, los magos vociferaban palabras de hechizos, pero aun así la masa de los invasores no se detenía, tenía que pensar en algo rápido y lo tenía que hacer ya. En ese momento recordé una de las enseñanzas que leí en un libro llamado “la curiosa capacidad de la mente” se trataba de los efectos en la mente, de cómo se podía inducir a los poderes psicológicos del cerebro y más importante aún, de cómo sacar provecho de ellos. La enseñanza que recordaba decía:
“La mente es como una roca, un diamante en bruto. Puede ser moldeada para mejorar su calidad, puede hacerse más fuerte si se funde con más roca, al punto de hacerse indestructible. Lo mismo pasa con todas las mentes, y como todo material, si se ejerce presión sobre el esta tiende a quebrarse.”
En ese momento empecé a invocar un poderoso hechizo: Terror de Sultar, moldeaba las mentes de los adversarios hasta tal punto de ver alucinaciones, generalmente calaveras, causándole gran dolor a los desafortunados, haciéndoles caer al suelo de dolor. El cuerpo no es nada sin la mente, eso era una de las principales máximas de cualquier mago.
Gambli y los guerreros restantes estaban arrinconados contra la puerta, las lanzas apuntaban hacia ellos, afortunadamente en ese momento mi hechizo había sido completado, antes de que las espadas entren en contacto con sus cuerpos, los enemigos caían en el suelo, gimiendo de dolor.
-¡Gambli entra al fuerte maldita sea! –El efecto no iba a durar para siempre, y ellos tenían que salir de ahí ya.
- Gracias muchacho, yo invito la próxima ronda en la taberna de Birka. Ah por cierto, ¡maldito elfo! –Le había dado una buena patada en las costillas a un elfo oscuro que estaba en el suelo –La próxima ves que acerques tu violácea cara a mi barba, pintare el suelo del color que sean tus intestinos.
-¡Gambli ahora!
Adentro del fuerte los conjuradores curaban a los heridos, mi amigo no había resultado muy lastimado, pero le faltaba unos pelos de su barba, probablemente fuese por el enfrentamiento contra el elfo que había golpeado recientemente. La puerta no iba a resistir mucho mas, los gritos de dolor habían cesado y el sonido de los golpes no tardo en venir. No eramos suficientes para resistirlos, necesitábamos ayuda.
-Necesitamos refuerzos Gambli, no creo que podamos soportarlo nosotros mismos.
-Escuche que hay un regimiento de enanos en Imperia –era el cazador que se había recuperado, o al menos eso parecía –iría yo mismo a avisarles, pero las heridas no me permitirán correr demasiado rápido, me alcanzarían.
- Iré yo, les tenemos que avisar. –sabia que un mago no correría mas rápido, pero al menos tenia que intentarlo.
-Tonterías muchacho, no durarías ni cinco minutos ahí afuera, deja ese trabajo para un enano.
-Gambli, te hirieron, no creo que puedas correr mucho.
-Sigo saludable como un Benkku, además, los enanos somos corredores naturales.
-Mejor déjalo Beleren, ¿o acaso no sabes de lo testarudos que son los enanos?
Reconocía esa voz, lo llamaban el Exe por estas partes. Un caballero de pies a cabeza, con un aire de heroísmo, daba hasta su último esfuerzo para proteger al reino. Ni su escudo podía superar el tamaño de su coraje (y eso es decir mucho).
-De acuerdo… ¿pero como esperas salir de ahí? Los Ignitas no se detendrían ni un instan… ¡Claro!
-¿Qué? Mejor habla muchacho, no me gusta tener la intriga de mi lado
-Tiempo, otra cosa que los magos podemos manipular, ¡no será muy difícil hacerte un hueco en los enemigos si estos no pueden mover ni un musculo! Solo necesito un poco de lugar para invocar el hechizo, y un poco de fuego de cobertura.
-Considéralo un hecho Beleren, haz lo que tengas que hacer ahí afuera, mi escudo parara cualquier intento de ataque.
-Cuento con eso Exe.
Salir ahí afuera era como tirarte a un lago de Alsius, sabias que no te iba a gustar, salvo que en lugar de agua helada, había un mar de lanzas, hachas y flechas, dolorosas lanzas hachas y flechas. Abrimos la puerta de par en par, Exe salió en la primera fila con otros caballeros, ejerciendo presión con sus escudos, retrocediendo a los ignitas, seguido de los barbaros, haciendo zumbar en el aire sus armas de casi un metro. Gambli se preparo para correr. Invoque el hechizo y en un parpadeo, todo quedo en completo silencio, era como si la situación fuera una pintura, todo estaba suspendido, algunos que saltaron para tratar de llegar a la puerta estaban en el aire, un guerrero principiante en las guerras trato de asestar un golpe a uno que tenia la espada preparada para atacar, pero el golpe reboto como si fuera pegar contra un bloque de Magnanita.
-El tiempo es a prueba de flechas y espadas chico –dije con un aire de enseñanza –Así como ellos no pueden dañarte, tú tampoco puedes dañar a ellos. Ahora adentro del fuerte, antes de que esa espada vuelva a moverse, Gambli ahora es el momento.
Los Barbaros sí que saben correr, el enano avanzaba a grandes distancias pese a sus cortas piernas. Lo mire a Exe y nos metimos al fuerte, trabamos la puerta y esperamos a que Gambli lo consiguiese a tiempo. Pasados unos segundos, los gritos volvieron a oírse, los golpes empezaron de nuevo y las flechas zumbaban otras ves.
Pasados unos minutos de salir a la puerta y repeler a los invasores, volvimos a la tarima con Exe, la situación no era buena, había muchos en la puerta y esta iba a ceder en cualquier momento. Tuvimos que agacharnos y quedar bajo la protección de las maderas para que las flechas no nos alcanzasen. Lo mire al caballero a la cara, el también se dio cuenta de la situación, la puerta estaba a punto de romperse.
-Por ORG –dijo él.
-Por ORG –respondí.
Nos situamos al frente de la puerta, los alsirios que estaban con nosotros se dispusieron a tomar posiciones. El suelo temblaba conforme los golpes en la puerta seguían. Los conjuradores bendijeron a los guerreros. Exe se acomodo su escudo y su yelmo, comrpobo que ninguna parte de su armadura estaba floja. Cerré los ojos y me concentre en canalizar el poder. Los pedazos de la puerta salieron volando por los aires, uno paso a centímetros de la cabeza de Exe pero no se movió ni un centímetro, no retrocedió, se quedo ahí, sin vacilar, con su escudo en alto esperando la embestida por venir. Se afirmo al suelo, lo mismo hicieron los guerreros junto a él. La ola de Ignis se precipito, sin detenerse… hasta que chocaron contra los escudos de los caballeros. Se desato el infierno, una bola de Magma salió de mis manos, chocando contra un arquero y salpicando de fuego hirviente a los que estaban junto a el, de mis manos salía el poder encarnado, mi mente se esforzaba al cien por ciento, no dejaba que se acercasen. Hacia caer muerte sobre mis enemigos, fuego, hielo, rayo todo eso eran mis armas. Pero eran demasiados, nos replegamos, estábamos rodeados.
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Default Batalla en Aggersbor (parte 2)

Exe estaba tratando de bloquear la mayor cantidad de proyectiles contra nosotros, pero no era suficiente, un bárbaro consiguió adentrarse en nuestras filas y me atravesó de lado a lado con su lanza. Escupiendo sangre me trate de concentrar, no podía dejar de controlar mi mente por un segundo. Mi enemigo me miraba a los ojos, miraba como mi fuerza vital se escurría de mi cuerpo… pero su fuerza vital conseguiría llenar lo que me faltaba, agarrándolo del cuello, recite las palabras lo más rápido que pude, de repente, mis heridas empezaron a cerrarse, la sangre dejo de brotar y me pude reincorporar. No se podía decir lo mismo de mi atacante, estaba tirado en el suelo, débil, no lo quedaban fuerzas. Le pegue un sólido golpe con la punta de mi báculo, para luego disparar un proyectil arcano a quemarropa. El poder seguía fluyendo, pero estábamos demasiado rodeados. Con mi último esfuerzo, invoque el hechizo más poderoso que se me ocurrió, un halo de oscuridad me rodeo, el aire se izo denso, toda luz que se podía apreciar quedo ahogada por mi aura. Pero a mis compatriotas no le afectaba, solo a mis enemigos, que empezaron a caer enfermos, la oscuridad era una masa que los devoraba, les drenaba sus fuerzas, muchos no podían si quiera levantar su propia espada. Pero todo es limitado y pronto un mago llego con un contra hechizo. Los guerreros no estaban felices y pronto dirigieron su atención contra mí. Un elfo oscuro se precipito con un gran martillo, iba directo a mi cara, pero paró en seco, Exe le había dado un golpe con su escudo en el aire. No le llegue a agradecer, porque una espada atravesó su pecho de lado a lado. Sus ojos se irrigaron con sangre, de su nariz salía finos hilos color rojo y su boca estaba teñida de rojo. Aun así el no se detuvo, se dio vuelta y le corto la cabeza a su agresor. Tenía la espada aun en su pecho, pero no bajo su escudo por un insante, sigo ahí manteniendo a los enemigos a raya, con rugidos que se asemejaban a los de un león. Lancé una bola de fuego de mi báculo, que izo retroceder lo suficiente a los Ignitas como para agarrar a Exe y llevarlo contra la pared.
-¡Maldita sea Exe, resiste!
-Creo que me clave una aguja en el pecho, jeje (¡Cof, cof!) –Sus pulmones debieron ser atravesados probablemente, no podía hablar mucho.
-Guarda tus fuerzas, ¿En donde están los conjuradores?
-Están atrapados en la otra esquina del fuerte, se separaron cuando los Ignitas entraron –dijo un tirador que no paraba de disparar flechas.
-No va a resistir mucho más necesit…
Se escucho un cuerno a la distancia, subí por la escalera a la tarima y vislumbre un espectáculo asombroso: Una centena de enanos armados hasta los dientes, con Gambli liderándolos. Estaban con armaduras dignas de los de su raza, sus barbas cuidadas y peinadas, sus armas afiladas y listas.
-¡Permanescan fuertes mis barbudos amigos! –se escucho entre sus filas.
Los enanos cargaron contra al fuerte, como una imparable ola. Chocaron contra las fuerzas Ignitas, un bello desastre. Se escuchaban ordenes y gritos dignos de su raza como “¡Protejan sus barbas!” o “¡Que sus barbas dancen!”. Limpiaron la zona con una rapidez absoluta, Gambli se abria paso a martillazos, hasta que todos los enemigos yacían en el suelo.
-¡Medico! ¡Necesitamos un medico por acá! –Grite con todas mis fuerzas, Exe se estaba poniendo pálido.
Se acerco un Uthgar de gran tamaño, sus cuernos apuntaban hacia abajo y tenia una túnica casi tan blanca como su pelaje. Seguramente llego con el grupo de enanos, ya que no lo vi antes el fuerte.
-Esta vez te dieron fuerte Exe, ¿es que acaso nunca escuchas mis consejos? –dijo el Uthgar.
-Si tus consejos en quedarse a cubierto, esperando a que los enemigos llegen frente tuyo y te rebanen, entonces no, Don Quijote.
Era el famoso Don Quijote, o amistosamente llamado Quijo. Su reputación lo precedía, salvo el pellejo a varios alsirios, incluso arriesgando el suyo mismo si era necesario.
-Es un honor Don Quijote. –Sonaba como si estaría adelante del mismísimo ORG.
-El honor es mío Beleren, conozco tu historia, tienes un gran potencial chico.
Con unas palabras de él (y algunos insultos de Exe) cerró la herida del pecho, que quedo limpia, como si nunca lo hubiera lastimado.
-¿Es que siempre tengo que salvarte el cuello muchacho? –era Gambli, se acercaba con el martillo al hombro. –¡Ven aca, maldito suertudo! Al parecer es imposible que no te metas en problemas. –Dijo dándome un gran abrazo (aunque sus brazos no llegaban a rodearme).
Curaron a los heridos y volvieron a la vida a los muertos, que se despertaban desconcentrados. Este ataque fue muy fuerte y muy tenaz, no era tan común.
-Gambli, necesito que me acompañes, necesitamos averiguar que buscan con tanto empeño estos Ignitas.
-Salimos del horno para pasar a la sartén, ¿en serio quieres que vayamos a Ignis? Quiero decir, todos esos Ignitas, deben estar reforzando sus defensas.
-Es mi deber de mago, tengo que buscar una explicación para los sucesos.
-Tu reputación de buscador de la verdad es bien merecida Beleren –Quijo se acerco limpiándose las manos (probablemente de las heridas tratadas) –Creo tener una idea de donde puedes empezar…
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Old 01-12-2010, 09:06 PM   #8
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Default La guardia del desierto

El ruido de los cascos de nuestros caballos sonaban en el puente de piedra oscura que conectaba Alsius con Ignis. A mi lado estaba Gambli y del otro estaba Quijo. Llegamos al extremo del puente, donde nos detuvimos.
-Esto es lo más lejos que puedo acompañarte Beleren.
-No hay problema Quijo, se que te necesitan en los fuertes, los heridos todavía no están del todo bien. Exe parecía querer acompañarnos pese a que todavía vomitaba sangre.
-Buena suerte, que ORG los proteja.
Así partió el Uthgar, lo vimos desaparecer en el camino, a todo galope. Lo mire a Gambli, parecía preocupado, no le gustaba mucho la idea de adentrarse en tierras ajenas, al menos no sin refuerzos.
-Gambli, somos solo dos, ¿qué posibilidades hay de que nos encontrasen?
-Muchacho, ese desierto tiene ojos, por más fuertes que sean las tormentas de arena, los cazadores de ese reino pueden rastrearnos como tu lees un libro. ¿Acaso nadie de tu clan nos podía acompañar?
-La Jihad tienen cosas más importantes que hacer que complacer la curiosidad de un joven mago.
Gambli se removió en la montura, luego refunfuñó.
-Por cierto, ¿a dónde cuernos vamos? No creo que vallamos a preguntárselo a los Ignitas por que atacaban Alsius, no nos revivirían con la mejor sonrisa.
-Para eso nos sirvió de ayuda los consejos de Don Quijote. Tenemos que ir a preguntar a alguien que allá estado en Ignis desde tiempos inmemoriales, Alguien antiguo, muy antiguo.
-¿Y quién se supone que es ese?
-Si te lo digiera, probablemente no vinieras con migo.
-¡Bah! Hubiera venido de todas formas, pero mejor déjalo así, prefiero el beneficio de la duda.
Dimos órdenes a los caballos para que avanzaran, los pastos verdes fueron desapareciendo y nos recibió una formación de rocas anaranjadas, cruzamos el estrecho y vislumbramos el gran desierto de Ignis, tierra seca si la abra. Por suerte había una tormenta de arena, que escondería nuestra posición. Nos adentramos a los mares de arena, me subí la capucha para protegerme de la arena.
-Toda esta arena no le va a ser bien a mi barba…
No le hice caso, teníamos que ponernos en marcha sin hacer el menor ruido posible. Hicimos campo traversa para cortar el camino y evitar que nos descubran, siempre mirando la dirección del sol, para no perdernos. Nos topamos con varios esqueletos de animales, perderse en esta tierra ciertamente no estaba en mis planes.
La tormenta de arena cesó, y pude ver mi objetivo.
-Llegamos Gambli, deja los caballos acá, se asuntaran si los llevamos adentro.
Ese “adentro” era una gruta que se formaba en el medio del desierto, cerca de las montañas. Por arriba veíamos unos puentes, pero nosotros íbamos precisamente hacia la gruta, la oscura y peligrosa gruta.
-Entremos, pase lo que pase Gambli, no te separes y hazme caso, podría salvarnos la vida.
Se podía ver la luz del sol, pero la gruta se iba haciendo más profunda. Gambli tenía un aspecto más pálido de lo normal. De repente el estrecho pasillo se termino para dar lugar a un gran hueco, se parecía a una arena de batalla. Golpee el báculo varias veces contra el suelo, causando gran estrepito. Como respuesta a mis golpes, se escucho un siseo, parecido a la de las serpientes. Pero no salió ninguna serpiente, no, en su lugar salió una especie de humanoide, con la nuca estirada hacia atrás, piel amarillenta, fauces con dientes afiladísimos armado con una lanza y un escudo. Tenía una cola que se movía mientras él iba avanzando.
-¿Quién –dijo la criatura- se atreve a molestar al poderoso Daen Rha?
Daen Rha, había salido de una estructura encrustada en la formación rocosa. Seguida por una cantidad innumerable de Igneos. Gambli saco su martillo, preparado, le ice señales con la mano para que lo baje.
-Poderoso Daen Rha –dije por fin, con decisión –Yo soy el Brujo Jace Beleren y mi amigo de aquí es Gambli, venimos a pedirle consulta.
-¡Jajaja! –Su risa era más desagradable que el olor que había en el lugar -¿Por qué debería de ayudarlos? Es más fácil que les de sus cuerpos como comida a mis hermanos, que están hambrientos.
Los ígneos sisearon y se removieron de sus lugares, como apoyando la idea de su señor.
-Perdemos el tiempo Jace, terminemos con esto y empecemos a romper huesos ignenos.
-El ultimo tipo que izo eso al frente de Daen Rah, termino con sus entrañas esparcidas a una distancia de tiro de arco. Calma Gambli, se lo que hago.
-Tengo curiosidad alsirios, solo por eso les permitiré hacer la pregunta antes de saborearles los intestinos.
-Los Ignitas, gran Daen, están atacando Alsius buscando algo, muy desesperadamente al parecer. Creo que lo concierne a usted también, ya que ellos buscan exterminarlo de la faz de la tierra. Siendo usted un ser de tiempos inmemoriales, esperaba que nos pueda tirar algo de luz sobre el asunto.
-No… no puede ser… -Dijo el Igneo, con la mirada perdida -¡Bah! No importa, mi señor estará en estas tierras pronto, ni los Ignitas, ni ustedes podrán hacer algo para detener su llegada, un trasto viejo no puede hacer nada contra su poder. Les e permitido respirar demasiado, luego de tanta charla generalmente me da hambre. ¡ الاخوة هجوم!
Esas palabras no podían ser buenas. Me concentre por unos momentos, cerré los ojos.
-¡Muchacho, necesitamos salir de aquí ya!
De repente, de la nada había un contingente de alsirios, bramando para entrar en acción. Los Ignitas pararon es seco.
-¡Jajá! Quien ríe ahora, ígneo estúpido –Gambli se acerco a uno de los alsirios para darle una palmada en la espalda, trate de detenerlo, pero era demasiado tarde. Su mano no encontró resistencia alguna, simplemente atravesó el cuerpo del alsirio como si estuviera tocando aire.
-¿ilusiones? –Genial, al diablo con el plan B –Disfrutare comiendo tu cerebro brujo.
Alcé el báculo lo más rápido que pude, de él salió una estela de luz brillante, tenia suerte de que el sol se estaba ocultando, si no, nadie la hubiera visto. Al cabo de unos pocos segundos, el efecto que quería llego. Agarre a Gambli del hombro, tirándolo para que una flecha no le atravesara la garganta. Los Ignitas que estaban en un altar cercano vieron mi señal, y fueron a investigar quien la produjo.
-¡Escóndete! No nos verán aquí –Lo lleve al lado de unas rocas, justo a tiempo, los Ignitas estaban cargando hacia los Igneos, no iba ser lindo estar en medio de tanto caos.
Daen Rah decía maldiciones (u órdenes, no puedo reconocer cual de las dos) mientras nosotros nos escabullíamos para salir de allí. No había conseguido exactamente lo que quería, pero al menos no me fui con las manos vacías. “Mi señor llegara pronto” el gremio de magos seguramente le interesaría saber que significaba esto.
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Old 01-18-2010, 06:04 AM   #9
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Default Informe de daños

Cabalgamos lo mas rápido que pudimos. Cabalgamos, a máximo galope. Nos salvamos por los pelos, Gambli aun tenía un tono de piel más pálido que la nieve. Pese a todo, el enano era un buen luchador, uno podía ver el miedo en su cara, pero eso no quería decir que sea alguien de rendirse fácilmente. El se jugaría hasta las mismas barbas por su reino, sin retroceder un centímetro. Pero su cara estaba pálida, yo había sido testigo antes de tal horrenda criatura, pero eso fue en una expedición con más de ciento treinta hombres y mujeres. Ciento treinta y volvimos 40 nada más. Tuvimos muchísima suerte estas ves, pensé. Mucha suerte.
Gracias a ORG llegamos a la muralla a salvo, nos dirigimos directamente hacia Montsgomir. Llegamos a la fuente, ahí el enano me agarro de la manga de la túnica.
-Jace –el color rojizo de sus redondas mejillas volvía a su cara – si no te importa no te acompañare adentro del gremio, búscame en la taberna, de veras necesito un trago.
-No te preocupes, no tardare mucho.
Entre por las puertas de madera, ahí me esperaban varios nobles y magos, todos hacían un leve murmullo, un leve murmullo que ceso cuando entre a la gran sala. Baldrick estaba sentado en su trono, alzo la cabeza al verme llegar.
-Informe de la expedición Beleren, rápido –Dijo uno de los magos, malditos cerdos carentes de modales.
-Con Gambli el enano llegamos a Aggersborg como pidieron –alzaba la vos para que todos me oyeran –Luego de una ardua batalla, sentí el deber de investigar más a fondo el por qué de estos ataques…
-Sin un permiso real –Dijo uno interrumpiéndome, burócratas, cerdos carentes de modales, pensé por segunda vez –Y con poca compañía, ¿qué pretendías de tal empresa joven Beleren?
-La verdad –dije con tono firme –Es lo que siempre busco.
-Continua, entonces –Era Baldrick, estaba escuchando con atención –Sin interrupciones, por favor.
-Tuvimos que ir a la guarida de Daen Rah, enterrada en las profundidades del desierto. Obviamente, no nos resivio con brazos abiertos, al parecer no se olvida fácilmente de los que le causan cicatrices. Del monstruo no pudimos sacar mucha información, pero dijo algo bastante perturbarte antes de que nos mandara toda su horda de Igneos en sima.
-Habla entonces –Ahora los magos estaban más intrigados.
-Al parecer, lo que los Ignitas buscaban era un artefacto, antiguo, muy antiguo. No sé que hace exactamente este artefacto, pero al parecer pretende detener la llegada de un ser a este plano. La criatura dijo “no podrán detener a mi amo”, cual es el señor de esta criatura, lo ignoro, pero viniendo de Daen, definitivamente es algo de qué preocuparnos.
-Ya veo –dijo pensativo Baldrick, mientras se llevaba la mano al mentón –Puedes retirarte Beleren, los sabios tienen que discutir estos nuevos sucesos. Has sido de gran ayuda al Imperio chico, tu madre estaría orgullosa.
-Un honor servir a Alsius mi Lord –Dije con una inclinación hacia el.
Salí con paso firme hacia la salida de la salida, quería darme un buen baño, tenia arena hasta en los lugares en donde no me enorgullezco, ni hablar del hedor que probablemente tenia. Casi en el umbral de la puerta, alguien me tironeo del brazo.
-¿Tan apurado estas que te olvidas de saludar a tus amistades?
-Yits… –Dije con cara de asombro, era Yits Kaan Ex, una conjuradora joven, de mi misma edad casi. Ella empezó en la escuela de magos al mismo tiempo que yo, pero no por mis mismos motivos, ella simplemente había encontrado su don cuando se lastimo jugando en el patio de su casa y vio como sus heridas se le cerraban ante sus ojos. Yo había canalizado mis poderes en el camino de la destrucción, ella, sin embargo, había preferido la ayuda de otros, curando heridas, aumentando la fuerza de sus amigos, en fin, una conjuradora de pies a cabeza –perdona, no te había visto… ¡es un gusto verte! Cuando me dijeron que atacaban Trelleborg, temí por tu vida.
-Te preocupas demasiado brujo, ¿acaso no te recuerdas quien te defendió de aquellos tipos cuando estábamos cursando la escuela de magos?
-Eran como nueve Yits, lo único que recuerdo es mi nariz sangrando y los chicos esos llevados por los guardias, todos desmayados.
-Desmayados por mi cuenta
-Lo hubiera podido hacer con los ojos cerrados, pero temía que se repitiera el suceso de cuando era niño…
Hubo un silencio, un silencio que solo se cortaba por los murmullos de los magos discutiendo sobre mis nuevos informes.
-No has cambiado en lo mas mínimo Jace, sigues igualmente arrogante –dijo esbozando una blanca sonrisa -¿Qué voy a hacer con tigo? –Me dio un fuerte abrazo –Yo también me preocupe por ti ¿sabes? Quiero decir, Daen Rah, ¿Qué cuernos se te paso por la cabeza? Podrías haber muerto.
-¿Qué es la vida sin riesgos Yits?
-Larga
-Touché –Nos reímos por unos segundos, le mire esa sonrisa de nuevo, traía una túnica blanca (típica de Conjuradores) su pelo, un marrón oscuro, estaba cortado de manera que no sobrepasaba su cuello, tenía un flequillo para el costado que de vez en cuando le tapaba un ojo –Escucha, ahora mismo iba a cambiarme, estoy más sucio que los establos de Birka, luego me juntare con Gambli en la taberna, estas invitada, por supuesto.
-Gracias, pero el deber llama –Dijo señalando con la cabeza al grupo de magos que se junto en la gran sala –De cualquier manera, te mereces un poco de descanso. Mándale unos saludos de mi parte a ese enano testarudo ¿quieres?
-Lo are Yits –sonreí –hasta luego –ella me abrazo nuevamente y se despidió con un beso en la mejilla.
-¡Señorita Yits! –Dijo uno de los magos, un Uthgar desde el grupo de magos reunidos –La necesitamos un momento.
-Ahora voy –le respondió ella –Un gusto verte de nuevo Jace
-Lo mismo digo Yits.

Fui a los baños de la ciudad, me saque la ropa sucia y arenosa y me metí a la tina, el agua estaba fría. Nada que un mago no pueda arreglar, haciendo un par de signos con las manos, el agua tomo una temperatura más bien tibia. Pase jabones por mi cuerpo, tenia magulladuras por varios lugares, pero no eran nada. Me ardía la sensación del agua jabonosa pasando por las heridas, “gajes del oficio” pensé. Mi cuerpo no era el más grande del reino, pero no era ningún flacucho. Dedique más tiempo a entrenar mi mente, es verdad, pero no por eso deje de lado el cuidado de mi físico. Tenía los músculos marcados, fue un entrenamiento que hice para que los matones dejen de aprovecharse de mí. No tenía ni cerca el aspecto de uno de los Bárbaros, o la constitución de un caballero, pero me las podía arreglar. Salí de la tina, oliendo a lilas y a manzanilla. Agarre la toalla más cercana, me seque bien el cuerpo y la cabeza. Tome la ropa limpia que tenia doblada en una esquina del baño. Me puse unos pantalones de cuero de Yeti, luego la camisa y un jubón de cuero negro arriba. No iba vestido para la batalla, solo era ropa para salir. Me puse el abrigo (echo de las mas cálidas pieles de oso polar). Cruce la plaza central en dirección a la taberna. Era de noche. Cuernos, hacia frio. Es Alsius brujo, ¿qué pensabas?
Llegue a la taberna, rápidamente el cálido aire de la taberna me rodeo. Me fui hacia la barra y le pedí al cantinero un vaso de su más espesa cerveza. Con un ademan el tabernero saco un vaso de por debajo de la barra y de un barril atrás suyo lleno el recipiente de cerveza espumosa. Saque de los bolsillos del jubón unas monedas de oro, se las tendí y le agradecí. Me di la vuelta para inspeccionar el lugar, rápidamente encontré lo que buscaba. Arriba de una mesa llena de comestibles, estaba un enano, con unas ropas de cuero, con su barba gris y su cabellera cubriéndole el rostro, contando un relato con su vos gruesa y profunda. Probablemente a Gambli no le pudieron aguantar las ganas y estaba contando nuestra empresa a toda la taberna. Lo más probable es que exagero la mayoría de los detalles, pero diablos, eso no importaba. Me acerque hacia la mesa.
-Y cuando esa vil criatura se había dado cuenta de la treta de… ¡Jace! Esos magos te tuvieron ocupado, ven acá, eres el hombre del momento. Estos chicos no salen del asombro –alzo su jarra de cerveza, derramando un poco de liquido a los lados – ¡Un brindis por este nordo! –La taberna le respondió con un grito de aprobación, alzo su vaso, para luego tomar de el casi desesperadamente, le caían rendijas de cerveza de la boca, mojando su barba.
Empezaron los cantos, la gente allí reunida empezó a dar palmadas a la mesa mientras unos violinistas tocaban melodías y dos enanos bailaban sobre una mesa dando fuertes golpes con sus pies, de vez en cuando enganchaban sus brazos unos a los otros y hacían un giro.
-Al parecer sigues impresionando al grupo de vejestorios… -Me di vuelta para ver quién me hablaba, era un tipo, de contextura grande, con poco cabello en su cabeza salvo por una línea de cabellos violetas que se erguían para arriba, formando una cresta – Si sigues así impresionaras al mismísimo Spack, Jace.
-Facu –dije haciendo un ademan con la cabeza y llevándome un puño al pecho
-Que costumbre tienen los magos de saludar así… venga un abrazo –me agarro y me levanto unos centímetros del suelo, apretándome fuertemente con sus brazos.
-Gracias… pero… no respiro…
-Perdona muchacho, es la emoción. Si es verdad lo que hicisteis, la Jihad está sumamente orgullosa de ti.
-Gambli pudo haber exagerado las cosas, pero si, fue más o menos como ocurrió.
-¡Cantinero! Otra ronda para este joven, se lo merece –Me di vuelta, otro enano, con las barbas desatadas, grises, se acercaba para darme unas buenas palmadas en la espalda, Miolnir, ese era su nombre – ¡Muchacho, tu conocimiento no es correspondiente a tu edad! Es cierto lo que dice mi amigo aquí, la Jihad está orgullosa de vos. Pero ¡Qué va! Esta noche tienes que relajarte, llene esa jarra un poco mas cantinero, ¡que nos queremos divertir!
Y así siguió la noche, entre risas, alcohol, cuentos, alcohol, cantos, mas alcohol. Por lo menos hasta donde pude recordar…
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Old 01-25-2010, 02:33 AM   #10
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Default Secretos imperiales

Estaba en el patio de mi antigua casa, tenía de nuevo los muñecos de madera en mis manos. Me doy media vuelta, ahí estaba la casa de mi niñez, con el fuego prendido en la fundidora de metal, la mesa de madera con la comida que mi madre había preparado, los diversos trabajos que hacía yo con trocitos de ramas para mis padres. Miro de nuevo mis manos, con los muñecos de madera de los soldados de Alsius, tenían un trabajo estupendo, el carpintero seguramente se pasó un par de horas haciéndolos. Parpadeo. Cuando vuelvo a abrir los ojos, los muñecos estaban chamuscados, las caras se habían transformado en muecas de dolor, como si alguien los estuviera lastimando, alcé la vista, encontré con mi antigua casa en llamas, pedazos del techo se caían, liberando chispas y humo. De uno de los huecos se podía ver a alguien en el interior de la estructura. Era mi madre. Se tapaba la boca para protegerse del humo, miraba para todos lados en busca de una salida… hasta que me vio.
-¡Jace! –Gritaba- ¡Jaaaace!
-¡Mama! –Me trate de mover, era inútil, me sostenía una fuerza invisible, mire para ver qué era lo que me sostenía al lugar, unos lazos de energía pura, brillantes, se enredaban en mis piernas de niño y mis brazos –¡Suéltame! ¡Tengo que salvarla! –Le gritaba a lo que sea que me estaba atando.
-Demasiado tarde –Dijo una vos profunda y gruesa, que venía de todos lados, todavía alcanzaba a girar mi cabeza, pero no encontré el responsable de dicha voz –Ella ya no tiene salvación.
Ahí me percate que la voz venia desde mi cabeza.
-¡Déjame ir! ¡La tengo que salvar! –Me retorcía en el lugar, tratando de liberarme de mi prisión.
-No puedes salvarla –La voz tenía un tono de tranquilidad impoluta, pese que yo gritaba a viva voz –Es demasiado tarde para ella, abraza los nuevos poderes que has adquirido.
-¡No! No los quiero, ¡Quiero tener una familia normal, quiero que nunca allá pasado lo que paso, no quiero ser un asesino!
-No hay vuelta atrás, demasiado tarde
En eso escucho un ¡crack! De las maderas rompiéndose, veo hacia la casa y el hueco en el que podía ver a mi madre había desaparecido, unas maderas ardientes ocupaban su lugar.
-¡Jaaace! –Los gritos de mi madre se escuchaban ahogados -¡Jaaaace!
Intente gritar, pero los lazos de energía llegaron a mi cabeza, amordazándome, quería gritar, decirle que todo iba a estar bien, pero no podía, lagrimas empezaron a caer desde mis ojos, mirando como lo que más apreciaba en el mundo desaparecía tras un mar de humo y llamas.


-¡Jace!
Me desperté de la cama sobresaltado, un sudor frio caía de mi frente, mi corazón latía con muchísima rapidez, mi respiración estaba agitada. Una pesadilla. Una horrible pesadilla.
-¡Jace! –Mire hacia el umbral de la puerta de la habitación, era Yits, gritando por lo bajo para no despertar a media posada. Debía ser temprano aun. Trate de recordar que paso anoche pero el alcohol se ocupo de reprimir esos recuerdos. Lo único que me dejo como recuerdo fue un fuerte dolor de cabeza. Bah, no lo único, mire a los costados de la cama, había un par de hermosas mujeres, una de pelo lacio marrón, que le llegaba hasta los hombros. La otra, tenía unos rizos rojizos, las dos dormían plácidamente, la sabana apenas alcanzaba para cubrir sus encantos, dejando los hombros desnudos -¿Noche alocada eh? –Dijo señalando con un ademan a las dos muchachas en la cama.
-Si… creo. Dame dos segundos que me levanto y… ¡aghh! –Me agarre la cabeza con las manos- Cuernos, que dolor de cabeza.
-Tus amigos no están en condiciones muy diferentes que digamos, Miolnir y Gambli están casi desmayados en las mesas de la taberna, Facu fue el único en despertarse con el alba, vístete, el consejo te llama.
-El sueño que tuve… fue horrible.
-Si… cuando entre a la habitación estabas hablando dormido, parecías asustado. Dime, ¿estas bien? Estas palido.
-No es nada Yits, en serio. ¿Me pasas mis calzoncillos?
-Como quieras, si no quieres hablar de ello no te obligare –Yits tomo los calzoncillos con telepatía, no los quería tocar, por alguna razón- Pero no te hará bien guardarte tus problemas, algún día de estos tendremos que hablar sobre tu pasado. Pero basta ya –Agarro mis pantalones y me los lanzo –La academia de magos espera.
Bajamos la escalera, yo me abrochaba la camisa y me ponía luego el jubón en sima. Al final de las escaleras estaba la taberna llena de los fiesteros de anoche, varios yacían dormidos, de ves en cuando alguno largaba un fuerte ronquido, mire a una esquina, Miolnir y Gambli dormían como bebes, unos muy peludos bebes. Probablemente Hicieron un concurso de quien toma mas y resulto en empate.
-Espera –Dijo Yits, poniéndome una mano en el pecho- Un brujo con dolor de cabeza es como un arquero sin flechas, dame un minuto –Me puso las manos en las sienes, dijo unas palabras en voz baja, su toque era cálido, agradable -…ya.
El dolor de cabeza desapareció, por fin podía pensar con claridad. Tenía razón, con una jaqueca no iba a durar mucho.
-Eres mágica Yits.
-Lo sé.
Agarre mi abrigo, ella iso lo mismo. Salimos a la fría mañana de Alsius, la plaza estaba muy tranquila, los mercaderes aun no abrían sus puestos. Nos dirijamos al gran salón, algunos magos ya estaban allí, probablemente los que faltaban aún estaban durmiendo.
-Y con el problema de los Globor en el muelle sugiero que… ¡ahh! Beleren, te estábamos esperando, ven, acércate.
Los magos se me dejaron lugar para que entre en el centro de la sala, cada vez que tenía que dar un informe parecía como una maldita autopsia, mirándome fijamente, investigando cada reacción que tenia.
-Hemos analizado la información que nos trajiste. Después de mucho discutirlo, decidimos que lo mejor sería iluminarme un poco en el asunto. Si te hemos ocultado información, fue para seguridad del imperio.
-¿A qué se refiere con información oculta?
-¿Recuerdas el robo de las rocas de los elementos?
-Sí, varios guaridas hipnotizados, el uso de un alsirio para robar una por una las rocas. Un trabajo de un artífice mental poderosísimo. Pero según tengo entendido, las rocas se pudieron recuperar.
-En efecto, Beleren, se recuperaron, pero antes de entregar las rocas, el ladrón dio pelea por ellas. Invoco un Elemental de piedra poderosísimo, tendrías que haber visto la batalla, 5 nobles almas contra la abominación creada. La invocación fue fuerte pero pereció por las manos alsirias. Inmediatamente, los 5 héroes fueron a confrontar al invocador, llamado Vilcor, que dijo palabras parecidas a las tuyas. Dijo que no trabajaba para ningún reino, que “El Raptor de Almas” vendría y que no habría nada que pudiésemos hacer.
Me quede pensando en la situación unos momentos.
-Y no se lo dijeron al reino, ¿Por qué?
-Por que causaríamos un pánico innecesario en el Imperio.
-La gente merece saber la verdad.
-La gente sabrá solo las cosas que nosotros decidamos que sepan.
Mire al grupo de magos con una mirada desafiante, no podía creer lo que estaban haciendo, podíamos estar al borde de la destrucción pero ellos no se lo dirían a la gente.
-No pueden manipular la verdad…
-Cuida tu lengua Beleren, recuerda que estas aquí cumpliendo un deber como castigo por tus actos en el pasado –Dijo un viejo decrepito, señalándome con un dedo –Lo mas conveniente será que no le digas a nadie sobre el asunto, no queremos “misteriosas” desapariciones en el Imperio.
-No puedo creerlo… Hubiera preferido la horca antes de que tener que ocultar sus mentiras… Callare, por ahora. No quiero que les pase algo a mis compañeros de reino. Pero la gente se enterara, tarde o temprano. Recuerden estas palabras.
Aparte a los magos, me dirigía hacia la salida. Yits se había quedado afuera. Cuando me vio salir apurado, rápidamente se puso al lado mío.
-Jace… ¿estás bien?
-Viejos detestables, despojos sin valor.
-Jace, ¿Qué te dijeron? Maldita sea, ¿quieres quedarte en el lugar Beleren? –Me eleve unos centímetros en el aire, ya no podía seguir avanzando.
-Bájame Yits, de cualquier manera, no puedo decírtelo. Por tu propia seguridad y la de mis amigos. Viejos rancios, vejestorios inservibles…
-La academia siempre actúa con sabiduría, lo que sea que estén haciendo, lo hacen por el bien del Imperio.
-“Por el bien el imperio” Me estoy enfermando de escuchar esas palabras.
Me bajo del aire, se acerco a mí, procedió a emprolijar el abrigo y los botones del jubón que tenia desabrochados. A veces me cuidaba demasiado
-Respeto los secretos que tienen la academia, por eso no te voy a preguntar mas –Tiro de mi abrigo para abajo, así se le iban las arrugas- Pero sabes que cualquier secreto que tengas, me lo puedes confiar.
-Confío en ti, como si fueras mi hermana –Le dije tranquilizándome un poco y regalándole una sonrisa- Pero tengo que llegar al fondo del asunto –Me puse en marcha hacía los establos.
-Espera, ¿A dónde vas?
-A ver a los elfos.
__________________
"This world it's so strange..." -Yo, después de volver al RO por mas de dos años
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